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  Institucional

Semblanza de “Termómetros Argentinos SA”

Estamos en 1930. Año del primer quiebre institucional en la República Argentina. El mundo estaba ocupado saliendo de “la gran depresión” y entrando en los prolegómenos de “la gran guerra”. En el barrio de Caballito, a metros del centro geográfico de la Capital Federal, tres emergentes de tal estado de cosas, poseedores del conocimiento de cierta tecnología alemana, instalaban una pequeña fábrica para elaborar termómetros.

El lugar elegido fue la casa de una familia tradicional del lugar, en la calle Colpayo 665. Estaba naciendo el primer termómetro de elaboración nacional. La marca, Franklin. La tecnología, alemana. El control de la calidad del producto y la responsabilidad irrestricta en virtud de ese control, argentino. Es que, con el tiempo, el hijo menor de esta familia sería el receptor intelectual de la novedosa tecnología y el guardián de su observación sin fisuras.

Ya estamos en 1935. El más grande de todos los cantantes, Carlos Gardel, salía de gira perpetua en Medellín. Aquella incipiente idea de fábrica nacida y desarrollada en una casa de familia, se mudaba a unos pasos, allí donde Colpayo se hacía esquina con Méndez de Andes.

En el interior del 617 de la calle nombrada comenzaba a funcionar la fábrica de termómetros, la que será con el tiempo “Termómetros Argentinos SA”, en un edificio acondicionado especialmente y habilitado específicamente para ello. Siempre con los mismos socios, y con el mismo responsable del control del proceso de elaboración y de la excelencia del producto terminado, la fábrica se consolidaba como líder y confiable.

Ya promediaba la década del 40. Según cuentan los que saben de estas cosas, la mejor década en la cultura popular del país. Literatura, cine, teatro y música explotaban al amparo del “granero del mundo”. Y el parque industrial, también. La fábrica de termómetros se abrazaba a su destino y se consolidaba definitivamente. Ya decir termómetros era decir “Franklin”. Y decir “Franklin” era decir tranquilidad, nobleza y seguridad a la hora de usar el producto. Tal estado de cosas se mantuvo y se profundizó en el tiempo.

En 1973 la fábrica se instaló, bajo el control de “Química Hoechst”, en San Isidro, una localidad de la Provincia de Buenos Aires. Eran años y tiempos de cambios políticos, sociales y económicos profundos en una sociedad que, en general, todavía no se daba por enterada. La empresa siguió su camino de calidad sin objeciones y de responsabilidad sin límites temporarios. A la tecnología alemana se le sumó el aporte de la maquinaria norteamericana.

Ya en 1981 nacía la sociedad “Fábrica Argentina de Termómetros Franklin SA”, la que adoptaría en 1982 su actual denominación de “Termómetros Argentinos SA” y cuya sede, para seguir fabricando los mismos productos medidos en calidad y responsabilidad, pasó a ser, y hasta el presente, la de San Pedro 6025, en el barrio de Mataderos de la Capital Federal. Por último, ya en 1988, la sociedad fue adquirida en su totalidad por aquel muchacho del barrio de Caballito, quien fuera siempre el responsable de la producción.

Entonces, 58 años después, aquella fábrica liminar de 1930 encontraba su lógica culminación en manos de la persona que siempre veló por la calidad del producto fabricado y que la consolidara como una empresa líder e irreprochable en el seno de la sociedad argentina. En el trayecto fueron quedando atrás gobiernos de “iure” y gobiernos de “facto”. Ministros de Salud y, fundamental y sufridamente, de Economía. Del desarrollismo al liberalismo económico “a'lla argentina”. Del proteccionismo y los subsidios a la libre importación. Todo pasó. A veces como un tsunami, pero pasó.

El formato de empresa familiar arribaba con sangre joven para quedarse y para tener espacio preponderante en la toma de decisiones y en la prosecución sin alteraciones de la fabricación de los productos históricos y de aquellos otros novedosos para la empresa. Este es el aporte renovador necesario en todo proceso, dando muestras irrefutables y cada día mayores de que la empresa, en su aspecto industrial, está en las manos esperadas y necesarias.

Ya a fines del siglo pasado “Termómetros Argentinos SA” comenzó a tercerizar la fabricación de algunos productos con el lógico e irrenunciable control de calidad a su cargo. Y con la asunción, como siempre, de la responsabilidad total y sin condicionamientos de cara a los usuarios.

Hoy, en enero de 2007 y 77 años después, la empresa puede decir con orgullo que jamás hubo de soportar reclamo alguno, por parte de sus consumidores, que involucrara a la marca “Franklin” en alguna situación de falta de calidad en los productos que coloca en el mercado con su marca.

Termómetros, tensiómetros, y nebulizadores han mantenido sin manchas sus legajos particulares. Circunstancia más que esperable desde que el presidente de “Termómetros Argentinos SA” sigue siendo su patriarca, aquel hijo menor de la calle Colpayo 665.

 
 
San Pedro 6025 / Capital Federal / 4687.7834/0136
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